Hoy he vuelto a ir al gimnasio (ah, bueno, pos fale...); ya sé que empezar así un post suena a niñato pubertoso confuso y aquejado de acné, pero no. He vuelto a ir al gym después de faltar a mi promesa (promesa hecha a mi "monitor", que está que cruje el cabrón) de ir 4 veces a la semana. He faltado a mi promesa, sencillamente porque he hecho campana durante dos meses por motivos varios:

1-por trabajo.

2-por estrés.

3-por falta de tiempo...

y 4-porque se me hacía cuesta arriba reanudar con mi propósito de mantenerme fetén, musculado y sano.

Pepe me va a matar (mi monitor), pero espero que sea dándome unos azotes en el culo y luego lo que él diga (stoy babeando, solo de pensarlo).
Por fortuna no estaba cuando aparecí a eso de las 20:30, con mi camiseta y mis pantalones cortos, toalla en mano decidido a emprender el precalentamiento con 20 minutos de bici sin ruedas... ¿Hay algo más idiota que el pedalear durante más de un cuarto de hora para no ir a ninguna parte?

Además, los cabrones del polideportivo me han subido la cuota mensual, asi que, ¿faltan motivaciones mejores para aprovechar semejante gasto? La respuesta es NO. Dos meses pagando para no ir, es derrochar y perderse el ambientazo que hay en el gym.

Tranquilamente, regulando el sillín sudao del anterior sufridor, que me apliqué en limpiar un poco, me dispuse a hacer una carrerilla de 20 minutos antes de enfrentarme a las pesas y a los estiramientos. Prudentemente, dejé dos cicloestáticas de espacio entre dos chavales teenagers y yo, y empecé con mi precalentamiento. Los dos chavales, muy buenotes y ambiguos, se dedicaban a ojear al personal como quien no quiere la cosa y yo hacía lo mismo mientras pedaleábamos a ritmos distintos. Hasta aqui, lo normal.
Diez minutos después, se me pone al lado un chaval de apenas 20 tacos, con sus rastas, sus putos piercings y sus tattoos, y más delgado que una caña de pescar. Nos conocemos de vista. Una miradita sin aparente emoción por el "reencuentro" y seguimos dándole al pedal sin parar...
A lo lejos, saliendo de la sala de pesas, separada por una mampara de cristal, un amigo suyo bastante "killo" pero monín, rapadete. Se saludan; el rapadete se acerca hasta él y entablan conversación:
-¿qué paxa neeeennnng?
El resto carece de interés hasta que el rapadete le pregunta por su vida sexual...

Joer! menudo tema para estar pedaleando con otros chuzos poniendo la oreja y mirando pal techo. En fin... El rastafari tatuado, agujereado y atravesado de piercings le aclara:

-Buah! Yo soy bisex, neng!

Oig! Como molaaaaa !!! Pensé yo riendome para mis adentros; solo me faltó pegar una carcajada.
Los dos, el rapadete y el rasta, me miran de refilón preguntándose si los habré oído. ¿Qué pasa?¿Vais con segundas hablando del tema?¿Me veis con cara de maricón o qué?¿Llevo un cartel o una bandera del arco iris?
Me dejaron mosca. Luego bajaron la voz y empezaron a cuchichear antes de cortar el rollo; el rapadete se pira:

-Venga neeennng, me piro a la ducha a sacarme brillo al rabo! 'Ta noshe a lo mejó mojo! le dice el gracioso. Con ese tipito, seguro que si...

Pitan por fin los 20 minutos de mi bici-potro de tortura. Me levanto con el culo hendido, duro y sin sentirme las nalgas. Se me ha dormido el trasero y camino como John Wayne con hemorroides en sus mejores momentos del western.

Hago cola para beber del pitorro ese que saca un chorrito de agüita insípida. Dos pavos de 20 añitos, que parecen dos increíbles Hulks tamaño bolsillo, se pavonean delante de mi marcando músculo, pechamen y paquetón. Como les encanta calentar braguetas... Hasta las putas se quedan cortas con ellos. Se tocan los pectorales, que asoman por sus diminutas camisetas de tirantes, y juegan con sus piercings colgando de sus tetillas. Luego se quejarán de que les violen... no te jode!

Y para más inri, se magrean el paquete. Joooooodeeeer! Si esto parece una peli de Chi Chi Larue!!!

Me hago el despistao, o mejor dicho, el pasota. Voy a lo mío, disimula, que puedes cantar... no miro, bueno si, un poquito, pero no demasiao que luego me empalmo. Hacer pesas con el rabo tieso es algo incómodo.
Bebo.

Entro en la sala de las pesas. Echo una mirada exhaustiva al personal. Me emociono y me regocijo: cómo está el patiooooo! rico, rico. Hay poco, pero del bueno, lo justo pa montar una orgía de ordago.

Vuelvo a mis ejercicios. Cruce de miradas con los de alrededor y me topo con el rasta bisex y los dos chavalines ambigüos y mal definidos de la sala de bicis, que están muy potables pero son fruta prohibida, aunque se pongan a tiro y mirando descaradamente a los demás. Pasando. Me pone más un vecino de máquinas de pectorales, que está enamorado de su reflejo en el espejo de la pared de enfrente. Es guapo, pero se lo tiene muy creído...
¡Siguienteeee!

Ah, un chaval tímido; son los que más me ponen. Te miran de reojo, a intervalos pero con insistencia... Eso quiere decir: me gustas. Ok, sigamos el juego mientras le doy caña al cuerpo. No debe de tener más de 25 años, moreno, pelo corto, buen cuerpo, mirada interesante, facciones hermosas, retraído,... Mola.

Cada vez que cambio de máquina, me giro y me lo encuentro al lado. ¿Esto se llama acoso? ¿No debería ser al revés? Me sorprende esta peña joven que parece ir a por todas, te encuentres donde te encuentres, pero me gusta. Asi me ahorro hacerlo yo. Con la edad, me he vuelto comodón.

Después de hacer mi gira por las pesas, estiramientos. Vaya, el moreno me sigue otra vez. Mientras me estiro los músculos, el nene hace abdominales y que no falten las miraditas.

Harto, recojo la toalla, la llave de la taquilla y tiro para el vestuario. Mientras abro la taquilla y me lío con la mochila, me percato que el moreno también ha acabado con las pesas porque lo tengo detrás, quitándose la ropa. Me desnudo, me enrollo la toalla de baño a la cintura y voy dirección duchas, buscando un buen chorro de agua calentita. Las duchas son comunitarias, todos juntos en pelotas, enjabonándonos y haciendo comparaciones. Es inevitable... El chaval moreno también aparece en la ducha y se pone a mi lado, el muy cabrón. ¡Que bien parido está! Lo tiene todo en su sitio; es perfecto y está bien dotado. Los demás también se fijan y veo que las salchichas se ponen morcillonas. Para flipar... Luego dirán que no les van los tíos, pero lo primero en que se fijan es en el nabo del vecino, en su culo y en todo el resto que acompaña. Yo, al menos, lo tengo asumido joder!

En ese momento tenía ganas de decirles: joderos, el chaval es para mi!

Y no estaba equivocado. Al lado lo tuve, enseñandomelo todo pero con ese aire de cándido pudor que inspira respeto y ternura. Se me ofrecía pero sin acabar de darlo todo, y eso... pone, me pone mucho.

Y vaya si me puso. Al momento, me di cuenta que se me ponía rebelde la cosa y tuve que ponerme de cara a la pared, mientras él iba acercándose más a mi. Mi cuerpo me trahicionaba deliberadamente y se percató el muy cabrón de la situación. Para evitar males mayores, como la vergüenza de empalmar en público (que ya era un hecho consumado), me tapé con la toalla y empecé a secarme intentando pensar en otra cosa. El chaval también interrumpió su ducha y me imitó, viendo que él tampoco estaba hecho de piedra. Me puse peor todavía.

Huyendo de las duchas, me siguió el paso y se puso frente a mi en el banco mientras nos secábamos y empezábamos a sacar la ropa limpia para cambiarnos. Ni un solo momento dejó de mirarme, y de fijarse en mi entrepierna y en todo lo que hacía. Se puso nervioso y yo peor aún.

Me vestí y él también. Casi lo hacíamos todo al mismo tiempo y eso me exasperaba. Para colmo, un sordomudo guapetón se había sumado al coqueteo porque, a todas luces, yo parecía interesarle mucho. Manda huevos!!!
Agarré la mochila y salí a paso ligero del vestuario, perseguido por el moreno y por el sordomudo. Al fin en la calle, los perdí de vista...

Ha sido mejor que un polvo, pensé al encenderme un cigarrillo. Joer, si Pepe me viera, me echaría la bronca por lo del tabaco.
Mañana vuelvo al gym.