Esta Semana Santa, que por fin concluye hoy, me ha dado una sorpresa de esas que no esperas y menos cuando estás al pie del cañón currando mientras los demás se han marchado a esquiar o a lucir el palmito donde quiera que sea aprovechando esos días de descanso.
Si, he tenido que aguantar el tipo y olvidar, en la medida de lo posible, que no tenía vacaciones como el común de los mortales... Dicen que lo malo de ser malvado, te obliga a no descansar nunca... ¿habré sido muy malvado en mi vida anterior, en el caso de que fuera cierto eso de las reencarnaciones?¿Por eso me tocó la china como a otros compañeros de curro y hemos de sudar con la frente nuestro pan de cada día?
Perooo... todo mal tiene su compensación, afortunadamente. Y digo eso porque en el trabajo, han tenido la decencia de traerme a un extra muy "extra" en todo. Aún estoy embobao cuando lo pienso.

Por si no es obvio, hablo de un ocasional compañero de trabajo que viene como extra para reforzar la plantilla en fechas tan señaladas como éstas.
A ver... desde un principio se da por sentado que el chaval es, según la curiosa apreciación del mundo heterosexual, normal, forofo del fútbol, perseguidor de chochitos y masculino, vamos... como Dios manda (no te jode la frasecilla!). En cuanto al aspecto físico, pues correspondiente al estereotipo de los chavales de hoy día, medianamente alto, delgado, muy fibrado (marcando pectorales y tableta de chocolate), cuadrado, hombros fuertes, buena espalda y pelo corto, corto. Apariencia cuidada, moreno, ojos pequeños, pardos, mirada intensa, nariz recta y dientes impolutos, la pelvis curiosamente "echá palante" marcando tema y poco culo pero con esos orondos glúteos de acero.
¿se te hace la boca agua? yo ya babeo... porque el pavo es francamente sexy en todo el sentido de la terminología, y eso que no se puede considerar una beldad. Y digo eso porque, a pesar de no ser un tío guapo, guapo, desprende algo indefinible y, en ese detalle precisamente, coincidimos un compañero y yo al verle por vez primera. Tiene un "je ne sais quoi" como dicen los franceses (un no sé qué) que, literalmente, te hace sucumbir a su encanto. Será la forma que tiene de moverse, de comportarse, de relacionarse contigo que te cautiva al primer parpadeo. Creo que ese "imán" tiene mucho más peso a la hora de conquistarte que la apariencia física y que, por eso, se llama "magnetismo". Tampoco quiero decir con eso que, al primer golpe de vista, no te cautive; hay que ampliar el encuadre para comprenderlo y poder apreciar el conjunto.
Vale, vale... me estoy regodeando pero ponte en mi lugar; caerías enseguida en el juego y cometerías el mismo error que yo antes de atacar frontalmente el tema. Y luego, considerando el asunto, lo calificarías de flechazo instantáneo. Las cosas como son.
Bueno, cortando el rollo y yendo al meollo de la cuestión, diré que al principio ya me gustaba sin más al conocerle; sin embargo, el flechazo del que me veo víctima vino a las pocas horas y la culpa la tiene, sencillamente, otra compañera de curro; ésta fue quien me dió el fatídico toque de atención... la muy perra!!!
El viernes santo llegó él de refuerzo y bueno, aparte de los comentarios típicos de "mira que está bueno el nene" y el de "qué gusto trabajar en esas condiciones" (risitas flojas de quinceañera en plena calentura, con el coño haciendote gaseosa), pensé: "bendito viernes santo". Pero tampoco le dí más importancia, sabía de sobras que era un pavo hetero, forofo perico y que andaba con una pava sexualmente liberada (una que pone la oreja y se entera de tó). Hasta aqui todo normal, si es que lo que se llama normal es realmente lo normal, porque ese término lingüístico (al menos para mi) es de lo más controvertido y polémico. No sé si captas la indirecta...
Vamos, que yo no tenía ná que rascá y que sobraba más que una empanada gallega en una mariscada. Asi que ya andaba mentalizado y eso equivalía a cero patatero en ilusiones o posibles de.
No era tampoco la primera vez que trabajaba conmigo. Ocasionalmente había venido, días atrás, de refuerzo en plena hecatombe plantillera y desbordamiento laboral. Me gustó desde el primer momento, pero reitero lo dicho: no lo tenía a tiro.
Asi que no reparaba demasiado en él y prefería centrar mi atención sobre otros (que nunca faltan) con posibles, porque uno tendrá su edad (esa que dicen que es cuando los hombres se hacen interesantes: la treintena), pero se conserva estupendamente y sigue causando bastantes daños colaterales. Y si no, que lo digan mis compañeras femeninas o a mi colega de fatigas, que no les importaría echar un polvo o más conmigo. Vale, no tengo abuela... pero es llanamente la verdad, y eso que sinceramente, no me considero nada del otro mundo. Lo que si importa, es que no soy ningún monstruo.
Retomando el hilo. Mientras íba yo con mis cosas, que si cafés, que si cuentas, ibamos haciendo de esas bromitas tontas hasta que la nena (mi compañera) me da un codazo delante de la cafetera y me suelta:
-Nene, el A.... no sabe ya qué hacer para sorprenderte; no tiene ojos más que para ti.
-Ein? ¿qué dices?
-Que el A... solo se dirige a ti y no a mi, y que todo lo que hace lo hace para llamar tu atención, so ciego!
-Tu crees?
-Observa y verás! me asegura.
Vaya si observé. Con sumo cuidado presté atención y, enseguida caí en la cuenta. Joer, pensé, estoy perdiendo facultades o qué? Claro, como ya me iba condicionado con que con él no tenía ná que rascá... me había desentendido del tema. Pero la cosa se había torcido de tal modo que todo se presentaba del revés: un presunto hetero haciendome ojitos tiernos a mi, un gay de asumidísima condición. Hacía tiempo que no flipaba así.
Estaba asombrado y sigo aún asombrado.
De andar "cerrado en banda", opté por abrirme y jugar el papel de receptivo a sus miradas y palabras. La sensación que tuve entonces, a partir de ese momento clave, fue como el efecto devastador de un tsunami.
Aún no me he recuperado...
Desde ese momento, sostuve sus miradas y descubrí que sus paseos hasta la barra tenían un sentido muy explícito, un motivo. Estuviera lejos o cerca, no me quitaba ojo de encima, pendiente hasta de la más mínima mueca, sonrisa o palabra salida de mi boca. Y yo, bajo el efecto devastador de sus miradas, seguía respondiendo visualmente a sus embites, mientras comenzaba a perder los papeles. Las consecuencias fueron desastrosas: perdí mi concentración habitual, mi seguridad y empezaba a cometer todo tipo de errores que evidenciaban el impacto. Cada vez que me miraba, con esa seriedad que pretende encubrir sus auténticas pretensiones, me descomponía desastrosamente: no atinaba en hacer cafés, ni en facturar cuentas, ni en atender a los clientes; tenía la cabeza en otro sitio y eso parecía satisfacerle, porque el muy cabrón se percataba del percal. Solo me importaba buscar su mirada, y al encontrarla siempre, me olvidaba del resto; era como si todo lo demás desapareciera, no importase. Tan solo estábamos él y yo. Aquello debía de cantar como una almeja, porque mi compañera de barra se reía y bromeaba sobre mi embobamiento.
El sábado fue tremendo, y el domingo ni te cuento. No hubieron más palabras que las corrientes y molientes (encubridoras de mensajes subliminales)cuando unos compañeros trabajan juntos, pero las miradas hablaban largo y tendido. Cada vez que sus ojos se clavaban en los míos, sentía como me estremecía por dentro; una sensación terrible del que me he vuelto adicto y que no sentía desde hacía tiempo. Él también se hizo adicto por empatía y, yendo más allá de lo permisible, aún sin perder las formas, no hacía nada como tampoco decía nada sin estar yo delante para verle y oirle. Era un diálogo alucinante, porque carecía de palabras, pero es sin duda el diálogo más interesante y cautivador que he tenido en años con alguien, por reciprocidad.
Daba la sensación de que nos adentrábamos en un terreno prohibido, vedado, a urtadillas para no despertar sospechas, pero sin perder de vista el objetivo fijado. Si pretendía seducirme, lo ha conseguido. De todos modos, no me aclara quien sedujo primero al otro... Este misterio tan solo se puede resolver hablandolo si se llega a abordar el tema pero, ¿se atreverá?¿dará un paso más? sabiendo lo que sabe, que me tiene en el bote y que consigue descentrarme con solo mirarme fijamente en los ojos.

Ayer se despidió de mi guiñandome el ojo y sonriendome con complicidad, y no sé cuando volveré a verle. Sin embargo, no puedo evitar pensar en él, en esos tres días que me han supuesto un suplicio de lo más agradable. Trabajar sin él, va a ser como la travesía del puto desierto.
¿Quién dijo eso de ...No puedo más, pero seguiré adelante?
Como viene al cuento, le dedico dos canciones especiales para mi:
"Hold me now" de The Thompson Twins y "I put a spell on you" de Nina Simone.

Joder tio... que historia mas way... lastima que no pasase nada yo ya me imaginaba una historia de amor y sexo... pero bueno todo fue muy excitante, no me extraña que los nervios te traicionasen, creo que a mi me pasaria igual.
Gracias por tu fantastico relato, es la primera vez que entro en tu blog pero desde ahora leere todo lo que escribes puesto que me gusta mazo.
Un saludo
sexo aún no... pero no alimentes más mis deseos, que me desbordo!
Gracias por el comentario y la visita, asi que agregado te tengo majo.
Ciao ragazzo, ci vediamo.
de res... amic